De acuerdo el análisis que hizo el Consejo
Asesor de Expansión y Actualidad Económica sobre los mecanismos de financiación no bancaria para empresas españolas, extraemos algunos apartados:
Ventajas
Teniendo en cuenta que las empresas españolas
necesitan disponer de mecanismos de financiación complementarios al crédito
bancario, es importante porque se pueden avanzar en estas opciones de
financiación:
1. El sistema bancario español va a seguir
reduciendo el tamaño agregado de su balance, como parte del proceso de
"des-apalancamiento" que precisa.
Lo ideal sería que esa reducción se produjera
por una reducción drástica del elevado saldo de antiguos préstamos a proyectos
y empresas inviables (p.ej. crédito inmobiliario) y no impidiera que los bancos
otorgaran nuevos créditos a empresas con perspectivas de crecimiento y vocación
exportadora. Pero lograr ese objetivo es difícil.
2. Como resultado de la crisis financiera,
los mercados financieros y bancarios en la zona euro siguen fragmentados y
segmentados por países, lo que restringe los flujos de financiación
transfronterizos.
3. España es uno de los países industriales
con mayor peso de la financiación bancaria de las empresas incluso grandes y
menor desarrollo del mercado de bonos corporativos.
Dificultades
Por desgracia, el desarrollo de mecanismos no
bancarios de financiación empresarial se enfrenta a varias dificultades:
1. Las pymes españolas son, en términos
comparativos, más pequeñas que las de otros países europeos -como, por ejemplo,
Italia-, lo que dificulta su acceso a los mercados financieros organizados. Los
mercados precisan un tamaño mínimo de las emisiones -digamos, unos 150 millones
de euros- que facilite la liquidez de los valores y permite hacer frente a los
costes fijos derivados de la emisión y cotización.
2. Muchos empresarios españoles se resisten a
perder el control de sus empresas y a mantener una contabilidad transparente y
fiable, lo que dificulta su acceso a los mercados financieros organizados.
3. Los inversores institucionales españoles
tienen poca costumbre de invertir en instrumentos de financiación de empresas
no financieras y menos en empresas con ratings por debajo de grado de
inversión. Tienen, además, un horizonte de inversión a corto plazo, en ocasiones
como consecuencia de las limitaciones prudenciales que les imponen la
legislación aplicable y sus supervisores.
Esa falta de vocación inversora, al privar de
liquidez a los correspondientes valores, acaba produciendo un círculo vicioso:
como hay pocos inversores, hay poca liquidez, lo que retrae aún más a los
inversores.

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